VIETNAM (1). El SUR: HO CHI MINH CITY Y EL DELTA DEL MEKONG.
El "Polo Sur" de Vietnam tiene su epicentro en la Ciudad de Ho Chi Minh (antiguamente, Saigón o HCMC si queremos acortar el nombre). La modernidad y ajetreo de esta ciudad con 14 millones de almas contrasta con el ambiente profúndamente rural del Delta del Mekong.
El famoso Delta del Mekong.
Llegamos a HCMC tarde, y en el estado en que suelen quedarse tras pasar tantas horas encerrado en un avión avión. Pese a ello, nos vemos con ánimo de realizar una excursión al mítico Delta del Mekong.
Hemos contratado un tour privado con “Saigon Adventure”. Entramos en el caótico tráfico de Saigón, en plena hora punta y tomamos consciencia de la ingente cantidad de motos que circulan. Hay varios carriles específicos para motos y están totalmente saturados. No es raro ver motos con familias enteras o acarreando bultos gigantescos.
El camino hacia el Delta, por autovía, se ve tan solo animado cuando se atraviesa uno de los ramales más grandes del Mekong, por el que circulan grandes cargueros fluviales.
Llegamos a Ben Tre, una ciudad relativamente grande del Delta. Allí cambiamos el coche por un barquito típico. Nos dan un coco para beber. En las pajitas han tallado nuestro nombre… Todo un detalle. La primera parte del trayecto transcurre por zonas semiurbanas no muy atractivas. Pero luego se desvia a unos canales secundarios intrincados y mucho más interesantes.
Paramos en una fábrica familiar donde explotan los cocos de todas las formas imaginables. Aparte de los consabidos felpudos y tallas realizadas con las cáscaras, hacen caramelos muy ricos. Es bastante gringada, pero lo cierto es que lo estamos ante una fábrica "real" operando. Comemos algo de fruta y un té con miel.
En otro barquito zarpamos hacia otra zona en la que, tras caminar un rato, nos enseñan cómo hacen las esterillas de paja. En este caso, no es una fábrica real, es simplemente una “demo” acompañada de los consabidos puestos de souvenirs. Contemplamos algunas de las delicias locales en los mercados cercanos.
Cambiamos de nuevo el medio de transporte, en este caso un tuk-tuk que nos lleva al restaurante. Somos el primer grupo en llegar. Nos ponen sopa y un pez curiosamente presentado con el que hacen unos ricos rollitos de primavera. También hay una especie de nuggets y noodles.
Pues es aquí donde descubrimos que el tour contratado no es el que finalmente hemos hecho. Nos hemos saltado algunos puntos, el restaurante no era el acordado y la duración resultó mucho menor. Protestamos… pero no hay mucho que hacer. Para compensar nos llevan a un templo taoísta “random” y, agárrate, a una fábrica de ladrillos…
Saigón: energía pura en cada esquina.
Llegamos a Saigón a las 16:00 y aprovechamos para dar una vuelta. Lo primero que nos sorprende es que, pese a ser una ciudad muy moderna, con edificios altos y tiendas de lujo (tipo Kuala Lumpur), hay propaganda y parafernalia comunista por todas partes.
Lo siguiente que nos sorprende es el subidón de adrenalina que supone cruzar una calle con los miles de motoristas y coches.
Nos dirigimos en primer lugar a la Catedral, a la cual no podemos entrar y, además, por fuera está en obras. Afortunadamente, el Edificio de Correos, que está junto a ella, está abierto y a pleno rendimiento. Es un edificio de estilo colonial francés donde la gente suele comprar postales para enviarlas a casa, cosa que hacemos sin dudar.
Continuamos hacia el Turtle Lake, que es una rotonda con un laguito en el medio donde no hay tortugas.
Tenemos poco después un pequeño accidente con un esguince como resultado. Es lo que tiene caminar medio zombies con un jet lag considerable.
Pese a todo, continuamos el paseo que nos lleva a la calle de los libreros.
La Ópera es uno de los edificios más bonitos de la ciudad, y cerca de él se encuentran tres míticos hoteles: el Rex, el Continental y el Caravelle.
Muy cerca está también el Ho Chi Minh City Hall, otro edificio muy bonito de tonos pastel y la estatua de Ho Chi. Nuestra última parada del día es The Café Apartment.
El edificio fue construido originalmente en la década de 1960 durante el periodo de la República de Vietnam. Su ubicación privilegiada, en lo que entonces era el Boulevard Charner (la actual calle peatonal Nguyễn Huệ), hizo que fuera destinado originalmente como alojamiento para oficiales militares, asesores estadounidenses y funcionarios gubernamentales de alto rango.
Hoy está dedicad a la restauración. Tomamos un pastelito en la última planta, con unas vistas espectaculares. De todas formas, nos decepciona un poco su interior; esperábamos algo con más garitos, glamour y ambiente sesentero.
Cambio de planes.
Ester amanece con el tobillo bastante hinchado y rojizo. Le duele mucho al apoyarlo. La opción más prudente es pasarse por el médico, aunque todo parece indicar que es un esguince no muy serio. Perdemos por tanto el tour de los Túneles de Cu Chi y me quedaré sin disparar un AK-47.
Visto que el plan "A" no puede llevarse a cabo, ponemos en marcha el plan "B" que es básicamente visitar Saigón con más calma.
El Palacio de la Independencia fue construido por los franceses como residencia del Gobernador General de la Cochinchina. Fue el centro del poder colonial en Indochina.
Tras un bombardeo que dañó gravemente la estructura original, el presidente Ngô Đình Diệm encargó al arquitecto vietnamita Ngô Viết Thụ el diseño de un nuevo palacio. El edificio actual fue inaugurado en 1966 como la residencia y oficina oficial del Presidente de la República de Vietnam. El 30 de abril de 1975, la imagen de un tanque del Viet Cong rompiendo las puertas principales del Palacio marcó el fin de la guerra y la unificación del país bajo el régimen comunista, cambiando su nombre a "Palacio de la Reunificación". Tiene algunas salas preciosas, fusión del estilo oriental con el Art Nouveau francés.
En el exterior hay un gran jardín con un par de tanques y un jet americano. Hay unas paisanas ataviadas con unos trajes muy curiosos (estampados con el mapa del país) que nos piden que les hagamos una foto. Y como era de esperar, nos hicimos una foto con ellas.
También dentro del recinto hay otro edificio donde está la “exhibition”, una muestra que explica la historia del palacio.
La Guerra de Resistencia contra Estados Unidos.
Dejamos el Palacio (o “Reunification Hall”) para visitar el Museo de los Vestigios de la Guerra. La exhibición ofrece una mirada cruda y contundente al conflicto contra los americanos desde la perspectiva vietnamita, exhibiendo principalmente armamento pesado (tanques, aviones y artillería). Destaca un enorme Chinook.
En el interior se visita una colección profundamente impactante de fotografías, documentos y objetos personales. En él se documentan las devastadoras consecuencias humanas de la guerra, incluyendo los efectos del Agente Naranja y los crímenes de guerra cometidos.
La muestra interpreta la Guerra de Vietnam desde el punto de vista vietnamita. Por tanto, los americanos no quedan especialmente bien parados. Es una exposición dura, en la que no se ponen paños calientes en las acciones llevadas a cabo, en este caso, por los americanos. Aparte de las atrocidades “normales” de todas las guerras, se unen los daños provocados por el Agente Naranja.
Al salir, me vuelvo a preguntar lo mismo que me planteaba tras visitar la exposición en Hiroshima sobre la bomba atómica: si el gobierno de EE. UU. durante la WWII y después en la Guerra Fría no realizó acciones mucho más crueles de las necesarias para evitar peligros que, realmente, no eran tan reales. Supongo que la respuesta objetiva es que sí.
Salimos con una mezcla de mal rollo, tristeza y rabia. Cogemos un Grab a correos, ya que queremos echar unas postales y refugiarnos de un tormentón épico. Cuando finalmente para, nos acercamos al mercado Ben Thanh, que está medio cerrado. Para cenar decidimos ir a la Calle Bui Vien, que teóricamente era rollo street food.
Pero no, se trata de la calle de los garitos, con locales de dudosa reputación y mucho alcohol. También había un bar con rock en directo; algo es algo.
























