VIENTAM (2). EL CENTRO: HUE y HỘI AN
Luces y sombras en el centro de Vietnam: la crónica de una etapa que nos dio una de cal y otra de arena.
Vayamos por la parte positiva. La sorpresa se llama Hue, con sus mausoleos cautivadores y su enorme Ciudad Imperial. También Mỹ Sơn, el "mini Angkor" vietnamita.
La arena corre a cargo de Hội An, paradigma de la turistificación absoluta.
Huế: un viaje mágico al corazón imperial y espiritual de Vietnam.
Hue, al contrario que Saigón, es muy tranquila. Hay motos, sí, pero no percibimos la exageración que vimos en Ciudad Ho Chi Minh. El hotel que hemos escogido, “Hue Serene Palace Hotel”, está MUY bien, en una calle tranquila. Nuestra intención es visitar alguna de las tumbas y mausoleos que se encuentran cerca (pero fuera) de la ciudad. Optamos por contratar un conductor que nos lleva a dos de los más importantes.
La primera visita es el Mausoleo del emperador Minh Mang. Este mausoleo, diseñado por el propio emperador y construido entre 1840 y 1843 por su sucesor Thiệu Trị, refleja el deseo de unificar la arquitectura imperial con el entorno natural bajo los principios del confucianismo y el feng shui. Este complejo destaca por su simetría matemática, alineando patios, pabellones, lagos artificiales y puentes de piedra a lo largo de un eje central que culmina en el túmulo rodeado por un muro circular.
Nos sorprendió muchísimo durante todo el viaje que una gran parte de los vietnamitas vistan ropas tradicionales y se hagan fotos de super-pose por todos los rincones. Lógicamente, no dejamos de aprovechar la oportunidad para "robar" algunas fotos.
Volvemos al coche y nos acercamos a otro mausoleo, el Mausoleo de Khai Dinh. Construido entre 1920 y 1931, rompe drásticamente con la arquitectura tradicional de sus predecesores al fusionar el diseño imperial vietnamita con marcadas influencias coloniales francesas, elementos del barroco europeo y técnicas modernas como el uso de hormigón.
Situado en la ladera de la montaña Chau Chu, el complejo se caracteriza por un exterior gris y austero que contrasta de forma radical con el interior del Palacio Thien Dinh, donde las paredes y los techos están cubiertos por mosaicos de porcelana y vidrio de colores. Tiene unas preciosas escaleras adornadas por dragones.
Al contrario que el Mausoleo del emperador Minh Man, éste resulta mucho más recogido, no está tan extendido y no es tan amplio. La sala principal es espectacular.
De camino al hotel vamos a la Pagoda Tu Dam. No es, ni de lejos, tan importante ni bella como los monumentos visitados, pero tiene el aliciente de que no hay nadie. El interior es muy bonito, con unas enormes columnas de madera. Fuera hay una pagodade varios pisos.
Pasamos brevemente por el hotel y nos vamos a dar una vuelta por la orilla del mítico Río Perfume. Es muy amplio, pero no nos pareció que oliera bien.
Al día siguiente visitamos la Pagoda Thien Mu. Esta pagoda fue fundada en 1.601 a orillas del Río Perfume siendo el templo más antiguo y símbolo no oficial de la ciudad de Huế.
Está dominado por la emblemática torre octogonal Phước Duyên de siete niveles.Es un recinto bastante amplio con diversos templetes que tienen en su interior estelas. Una de ellas, que descansa sobre una tortuga, es especialmente bonita. En la parte trasera hay una exposición de bonsáis. También se exhibe el coche del monje budista que se inmoló en las revueltas: En 1963 Thích Quảng Đức viajó desde esta pagoda hasta Saigón para inmolarse públicamente en protesta contra la persecución de la comunidad budista por parte del régimen de Ngô Đình Diệm. La impactante fotografía de su sacrificio dio la vuelta al mundo y aceleró el fin del gobierno de Diệm. Hoy en día, el propio coche Austin de color celeste en el que el monje viajó hacia su última acción se exhibe en el recinto de la pagoda como un monumento a su memoria y a la resistencia espiritual del budismo vietnamita.
Sin duda, lo que más nos ha gustado de esta pagoda es la tranquilidad que se respira a primera hora.
Hoàng Thành, la versión vietnamita de la Ciudad Prohibida.
Tomamos un Grab y nos dirigimos a la Ciudad Imperial. La Ciudad Imperial de Huế fue concebida en 1803 por el emperador Gia Long, fundador de la dinastía Nguyễn, tras unificar el territorio de Vietnam y trasladar la capital real desde Hanói hacia el centro del país.
Diseñada de cara al río Perfume bajo la estricta guía de la geomancia china (feng shui) y protegida por los baluartes de una fortaleza amurallada de estilo Vauban francés, el complejo funcionó durante casi un siglo y medio como el corazón político, administrativo y místico de la nación. A lo largo de su historia, la corte sufrió el asedio de la colonización francesa a finales del siglo XIX, pero su episodio más trágico tuvo lugar en 1968 durante la Ofensiva del Tet en la guerra de Vietnam, cuando los intensos bombardeos y los combates cuerpo a cuerpo destruyeron la gran mayoría de sus pabellones y palacios. Tras décadas de abandono, los esfuerzos de restauración y su reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad en 1993 han logrado rescatar del olvido los vestigios de lo que fue el último gran bastión dinástico vietnamita.
El recinto es enorme y, pese a la gran cantidad de público, se está relativamente tranquilo. Como hemos visto anteriormente, hay muchas mujeres vestidas con el traje típico, el cual alquilan en las tiendas cercanas. La entrada es espectacular, ya que tras pasar el foso se llega a uno de los palacios más bellos.
No vamos a entrar en detalle de todos los palacetes y pagodas. En general, podría decirse que hay algunos muy restaurados (los más importantes y, por tanto, visitados), mientras que otros están algo más dejados y su aspecto es menos espectacular.
El "sorpresivo" viaje a Da Nang
Durante nuestra visita a la Ciudad Imperial nos comunican que el tren a Da Nang que teníamos previsto tomar se ha anulado. No queda otra que ir en coche. La ventaja es que, de esta manera, podemos parar en algunos sitios interesantes de camino. Dam Lap An es el primero de ellos. Se trata de una laguna separada del mar por una especie de manga de tierra.
El equivalente al Mar Menor está rodeado de montañas (no las acabamos de apreciar debido a la niebla). En esta laguna se cultivan ostras, que son devoradas en los chiringuitos cercanos. Vemos una curiosa embarcación que parece una palangana gigante.
Luego leimos que se trataba de un thuyền thúng (literalmente "barco cesta" en vietnamita) y su curiosa forma circular se debe a una mezcla de ingenio popular, supervivencia económica frente a los impuestos coloniales y adaptación al medio. La razón histórica de su forma se remonta a la época de la colonización francesa (finales del siglo XIX). Los franceses impusieron un gravamen muy estricto sobre la propiedad de las embarcaciones pesqueras. Para evitar la ruina, los pescadores locales agudizaron el ingenio: argumentaron ante las autoridades coloniales que estas estructuras no eran barcos, sino simples cestas de mimbre gigantes para almacenar mercancías. Al no estar clasificadas como navíos en las leyes francesas, quedaron libres de impuestos, permitiendo a los pescadores seguir faenando de forma "clandestina".
Junto a la laguna, en el equivalente a La Manga, está Lang Co Beach, donde hay una playa de mar embravecido.
El último lugar en el que (teóricamente) pararíamos antes de Da Nang es el Hai Van Pass, un puerto de montaña entre montañas selváticas y nubladas. En el paso hay un par de bunkers y unos caminos que permiten disfrutar de las vistas.
Sin mucha esperanza de poder llegar a verlas (es muy tarde), visitamos las Marble Mountains, una zona kárstica a las afueras de Da Nang. Teóricamente cierran a las 17:30, pero la realidad es que es un lugar abierto y, por tanto, puedes visitarlo casi a cualquier hora.
Las Marble Mountains (en vietnamita, Ngũ Hành Sơn o "Montañas de los Cinco Elementos") son un conjunto de cinco afloramientos de mármol y piedra caliza situados al sur de Da Nang que representan el metal, la madera, el agua, el fuego y la tierra. Consideradas espacios sagrados desde la época de la antigua Civilización Cham, estas montañas albergan una intrincada red de santuarios budistas, altares hinduistas y túneles naturales ocultos en cuevas. A lo largo de la historia reciente, su importancia estratégica transformó el lugar en un refugio clave y hospital de campaña para las guerrillas del Viet Cong durante la guerra de Vietnam.
Nos recuerdan mucho a las Batu Caves (Malasia).
Al estar ya fuera de horario, casi no hay gente. Subimos a algunos miradores donde se aprecia lo grande que es Da Nang y lo cerca que se encuentran estas montañas.
Hay varias cuevas-templo que se pueden visitar. En ellas, la religiosidad se integra en la naturaleza con una gran armonía.
Hội An, una hermosa ciudad sepultada por el turismo masivo.
Al llegar a Hội An nos cuesta algo encontrar nuestro hotel. Cuando lo conseguimos dejamos nuestras cosas y salimos para ver algo la ciudad de Hội An y, de paso, cenar.
A medida que nos acercamos al centro, me comienzo a preguntar si es este el lugar en el que quiero estar. Al llegar a él, encuentro que la respuesta es taxativamente NO. Para nada es el sitio en el que quiero estar.
Hội An, conocida en Europa como Faifo, alcanzó su máximo esplendor entre los siglos XVI y XVIII al convertirse en uno de los puertos comerciales más cruciales del sudeste asiático. Su meteórica prosperidad se debió a una combinación perfecta de geografía y geopolítica: situada estratégicamente en la desembocadura del río Thu Bồn, la ciudad servía de escala obligatoria para los navíos mercantes que dependían de los vientos monzónicos para navegar. Cuando China y Japón prohibieron el comercio directo entre sus imperios, Hội An emergió como el territorio neutral idóneo donde mercaderes chinos, japoneses, europeos e indios podían reunirse para intercambiar seda, porcelana, especias y plantas medicinales. Esta intensa actividad propició el establecimiento de prósperas e influyentes colonias de comerciantes extranjeros que construyeron sus propios barrios, fusionando sus estilos arquitectónicos con el local.
Hoy en día, todas, absolutamente todas las casas están ocupadas por restaurantes o tiendas de cosas inútiles para turistas. Hay una aglomeración de guiris horrorosa. Pese a que las casas son preciosas, los rótulos luminosos, artículos expuestos, etc., hacen que sea imposible apreciar su belleza o valor.
La apoteosis de la gentrificación la vemos en el paseo junto al canal. Cientos de barquitas con farolitos llevan a turistas de paseo. El canal parece una especie de M-30 versión acuática. Todo esto lo vemos a la vez que, en un bar cercano, una banda en directo imita de forma muy desafortunada a AC/DC. ¡Yo quiero irme de aquí!
Tras el shock inicial, una visita diurna nos hace ver la ciudad de manera diferente. Ahora nos parece mucho más tranquila y agradable. Los lugares a visitar son algunas casas de comerciantes, pagodas y Assembly Halls.
Los Assembly Halls (en vietnamita, Hội Quán) son imponentes sedes sociales y templos construidos entre los siglos XVII y XIX por las diferentes comunidades de comerciantes chinos asentadas en Hội An. Estos espacios cumplían una triple función: actuaban como centros de reunión para regular el comercio de su provincia de origen, servían como santuarios religiosos dedicados a deidades protectoras del mar como la diosa Thien Hau, y funcionaban como escuelas o centros de ayuda al inmigrante.
Arquitectónicamente espectaculares, se distribuyen en cinco complejos principales —siendo los de Fujian y Cantón los más célebres— que destacan por sus majestuosas puertas de tres arcos, patios repletos de bonsáis, detallados relieves cerámicos de dragones y grandes espirales de incienso colgando de sus techos, consolidándose como el mayor testimonio del mestizaje cultural y el poder socioeconómico chino en el antiguo puerto de la ciudad.
Se puede comprar una entrada combinada que permite visitar una selección de lugares. Salvo cuando se coincide con los tours, los lugares se encuentran razonablemente vacíos.
Mỹ Sơn: el hermano menor de Angkor.
Huyendo de la ciudad, hacemos una visita a uno de los lugares arqueológicos más importantes del sudeste asiático: las ruinas de Mỹ Sơn. El viaje hasta allí dura algo menos de 1 h. En la zona de parking hay numerosas furgonetas y minibuses, lo cual nos anticipa que estará bastante saturado. Compramos la entrada y visitamos, en primer lugar, un pequeño museo que ayuda a tener una visión general del Imperio de Champa y contextualizar lo que veremos más adelante.
El Santuario de Mỹ Sơn fue fundado en el siglo IV por el rey Bhadravarman I y expandido durante casi mil años por los sucesivos monarcas del Imperio de Champa. Este complejo arqueológico funcionó como el corazón espiritual y político de la civilización Cham, un pueblo de origen malayo-polinesio fuertemente influenciado por la cultura india que utilizaba este espacio sagrado para enterrar a sus reyes y rendir culto al dios hindú Shiva. Su incalculable importancia histórica y arquitectónica —reconocida por la UNESCO en 1999— radica en ser el conjunto de templos hinduistas más longevo del sudeste asiático y en el enigma de sus icónicas torres de ladrillo rojo (kalan), cuyos bloques fueron perfectamente ensamblados sin el uso aparente de mortero visible, resistiendo el paso de los siglos y los severos bombardeos de la guerra de Vietnam.
Un bus eléctrico nos acerca a las ruinas, que están algo alejadas para ir a pie. Las ruinas están agrupadas en varios bloques identificados por letras. El más importante es el A. Lo dejamos para el final porque hay mucha gente. Si bien Mỹ Sơn no es comparable a Angkor, sus templos resultan especialmente estéticos por el contraste entre el rojo de los ladrillos con los que están construidos y el verde intenso de la selva cercana.
Disfrutamos mucho fijándonos en los detalles de los adornos de las fachadas exteriores: elefantes, diosas y demonios medio ocultos por el musgo.
De regreso nos fijamos en algunos cráteres de bombas, única aportación de EE. UU. al complejo arqueológico.






























