VIETNAM (4): HANOI Y ALREDEDORES
De los paisajes infinitos de Ninh Binh al caos perfecto de las calles de Hanói: así fue nuestra inmersión en el norte de Vietnam.
Dejamos el centro del país - descrito en nuestra anterior entrada - para tomar un vuelo de Da Nang a Hanói. Todo marcha sobre ruedas y aterrizamos en la capital según lo previsto. Nuestro hotel, el Hanoi Starlight Boutique Hotel, resulta tener un nombre demasiado ambicioso para la realidad de sus instalaciones; digamos que es simplemente pasable. Tomamos consciencia de que en Hanoi la relación calidad / precio no es la misma que hemos visto hasta ahora.
Sin perder tiempo, salimos a probar el famoso egg coffee (café con huevo) en Café Giang, la cafetería donde se inventó esta receta en la década de 1940 debido a la escasez de leche. Decir que estaba delicioso es quedarse muy corto; su textura cremosa recuerda al tiramisú.
Con las pilas cargadas, comenzamos la ruta. Junto al café se encuentra una Heritage House, la antigua residencia de un comerciante de hierbas medicinales (comúnmente asociada a la comunidad china). Es un magnífico ejemplo de las "casas tubo" del Barrio Antiguo, diseñadas con patios interiores para iluminar y ventilar la estructura alargada.
A pocos pasos llegamos al Templo Bach Ma (el Templo del Caballo Blanco), el cual tiene una leyenda. Dicen que en el siglo XI, el emperador Ly Thai To intentaba levantar las murallas de la ciudad, pero estas se caían continuamente. Un día apareció un caballo blanco que le marcó el camino con sus huellas; el emperador construyó los muros siguiendo ese rastro y la ciudad se mantuvo en pie. En agradecimiento, consagró este templo al equino. Es el más antiguo del Barrio Antiguo. Tenemos dudas de si el chino que vendía hierbas en la Heritage House que vimos antes tuvo algo que ver con estas alucinaciones.
Callejuelas y el Mercado Dong Xuan
De camino pasamos por la Calle Pho Thanh Ha, un callejón estrecho repleto de puestos de pescado y comestibles en tiendas minúsculas. Es un rincón fotogénico, especialmente porque coincidimos con la salida escolar de los chavales.
Terminamos en el Mercado de Dong Xuan. La planta baja está dominada por souvenirs turísticos estándar, pero la segunda planta se dedica por completo a la venta de telas y ofrece un ambiente mucho más local y auténtico.
El lago del mito y marionetas sobre el agua.
Tras pasar por otro pequeño templo donde observamos a un monje en sus oraciones, alcanzamos uno de los grandes iconos de la ciudad: el Lago Hoan Kiem. Intentar avanzar por el caos de Hanói y sus aceras intransitables es agotador, por lo que llegar a este oasis resulta un alivio.
En una pequeña isla del lago, accesible a través del fotogénico puente de madera roja, el Puente Huc, se alza el Templo Ngoc Son (Templo de la Montaña de Jade). En su interior destacan las urnas con los cuerpos disecados de dos tortugas gigantes que habitaron el lago y que pesaban más de 200 kg.
Antes de salir, compramos un cartel que un calígrafo local dibujó en caracteres chinos con el ideograma de la "felicidad" (o al menos eso nos aseguró).
El teatro de marionetas de agua.
Llegamos justo a tiempo para un espectáculo que es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad: las marionetas de agua (Mua Roi Nuoc). Esta tradición nació en el siglo XI en las aldeas inundadas del delta del Río Rojo, donde los campesinos representaban escenas cotidianas y mitológicas sobre los campos de arroz para entretenerse tras las cosechas.
Tuvimos la suerte de sentarnos en primera fila. La sala es convencional, pero el escenario es un estanque. Detrás de unas cortinas de bambú se ocultan los maestros marionetistas, quienes manejan las figuras de madera mediante largas varas sumergidas. Una orquesta tradicional toca en directo y aporta las voces. Aunque el hilo argumental se nos escapó un poco, la maestría técnica y la música nos parecieron alucinantes. Merece muchísimo la pena.

Para cerrar el día, regresamos dando un paseo por el Barrio Francés, disfrutando de su arquitectura colonial de amplios bulevares que transmite una atmósfera bastante más europea.
Pagodas, lagos y la famosa "Train Street"
Nuestra siguiente jornada arranca en la Pagoda Tran Quoc, la más antigua de Hanói (siglo VI). Está ubicada en una pequeña península del Lago del Oeste (West Lake o Ho Tay). Su estupa principal, de color rojizo y once niveles, es muy esbelta y fotogénica.
El recinto estaba muy concurrido por fieles. En el exterior, una señora vendía peces vivos en botellas para que los devotos los liberen en el lago, una práctica budista para ganar buen karma.
También nos llamó la atención un panel informativo que detallaba las consecuencias kármicas de las malas acciones; según el cartel, ¡crear virus informáticos provoca la caída del pelo!
Paseando llegamos al Templo Den Quan Thanh, dedicado a Huyen Thien Tran Vu (una de las principales deidades del taoísmo). El interior destaca por sus tallas de madera y, sobre todo, por una imponente estatua de bronce negro de cuatro toneladas fundida en 1677, una obra cumbre de la metalurgia local. Además, hay un par de botas rituales sagradas de gran tamaño que forman parte de las ofrendas ceremoniales.
El Mausoleo de Ho Chi Minh y la primera decepción con la Train Street.
Intentamos acceder a los templos del complejo del Mausoleo de Ho Chi Minh, pero la seguridad nos impidió el paso por llevar pantalones cortos (el código de vestimenta es estricto). Nos limitamos a observarlo desde la distancia, viendo cómo las familias locales se fotografiaban frente al monumental edificio de hormigón.
Por la noche nos acercamos a Train Street, la famosa callejuela por la que el tren pasa rozando las fachadas. Nos sorprendió ver lo gentrificada que está: ya no quedan viviendas, todo son pequeños bares con sillas diminutas pegadas a las vías. Estaba tan masificado que no encontramos un solo sitio libre, así que decidimos posponer la experiencia.
Terminamos la noche contemplando la Catedral de San José. De estilo neogótico, la piedra desgastada luce mejor iluminada de noche que bajo la luz del día. Para cerrar el día, nos tomamos un chocolate caliente en The Coffee Bean & Tea Leaf (un clásico reconfortante).
Ninh Binh: La Bahía de Halong de interior
Hoy nos unimos a un tour para visitar Ninh Binh, una región kárstica situada a unos 100 kilómetros al sur de Hanói, a menudo apodada "la Bahía de Halong fluvial". El paisaje promete peñascos calizos, ríos serpenteantes y arrozales infinitos.
La primera parada es de corte histórico: Hoa Lu, la capital de Vietnam durante las dinastías Dinh y Le en los siglos X y XI. Del antiguo palacio queda poco, pero destacan los templos dedicados a los reyes Dinh Tien Hoang y Le Dai Hanh.
Aunque las estructuras actuales son reconstrucciones posteriores, sus patios guardan un aire solemne. Tras la lección de historia, subimos una empinada escalinata en una montaña cercana para disfrutar de las primeras vistas panorámicas del valle.
En barca por Tam Coc
Nos adentramos en la naturaleza con un paseo en barca por Tam Coc (la otra opción de la zona es Trang An, lo que ayuda a distribuir el flujo de visitantes). Al llegar, la saturación turística es evidente: cientos de barcas metálicas idénticas operan en el embarcadero con el ritmo y la organización de una parada de taxis de aeropuerto.
Cada barca acoge a dos o tres pasajeros. Lo más sorprendente es que los remeros manejan los remos con los pies con una destreza increíble, lo que les deja las manos libres para mirar el móvil o intentar venderte algún recuerdo.
Al no llevar motor, el trayecto es silencioso. El río abandona pronto las casas y se interna en un entorno deslumbrante de formaciones calizas cubiertas de vegetación salvaje y flanqueadas por arrozales verdes. El agua atraviesa tres cuevas naturales donde el techo queda a una altura cómoda. Al dar la vuelta, aprovechamos para fotografiar a las remeras y remeros de avanzada edad que avanzan en dirección contraria.
El mirador de Hang Mua
La última parada es Hang Mua (la Cueva de Mua). Aunque hay una pequeña gruta en la base, el verdadero atractivo es el mirador de la cumbre. En los alrededores abundan los comercios y unos extensos campos que, en la temporada adecuada, se llenan de flores de loto.
La subida consta de casi 500 escalones de piedra bien acondicionados que se bifurcan hacia dos picos distintos. A pesar de los atascos de gente en los tramos más estrechos, la panorámica desde arriba corta la respiración: se aprecia perfectamente el curso del río por el que navegamos horas antes.
Nota viajera: Ninh Binh merece mucho la pena, pero la experiencia ganarías enteros por libre, pasando una o dos noches allí para visitar los puntos estrella a primera hora de la mañana, antes de la llegada de los autobuses de excursiones.
El culto al líder y Train Street, segunda oportunidad.
Empezamos el sábado haciendo cola en el Mausoleo de Ho Chi Minh. El lugar está abarrotado de ciudadanos vietnamitas que acuden a presentar sus respetos al líder histórico. Matamos el tiempo de espera jugando al billar en el móvil. Tras dejar cámaras y mochilas en consigna, accedemos al edificio, un bloque de arquitectura monumental soviética con reminiscencias de templo clásico.
En el mismo recinto visitamos varios lugares. La Pagoda del Pilar Único (Chua Mot Cot): Diseñada en el siglo XI sobre un solo pilar de piedra en medio de un estanque de lotos, imitando la forma de una flor de loto. Es diminuta, pero su simbolismo y diseño la hacen única.
El Museo de Ho Chi Minh: Una sobria exposición dedicada a su vida y la revolución, repleta de documentos (la mayoría en vietnamita) y objetos personales. El perfil de visitante aquí es puramente local: grupos escolares y militares. El hecho de que unos chicos nos pidieran fotos demuestra que los turistas occidentales no suelen frecuentarlo.
La Ciudad Imperial de Thang Long y el Templo de la Literatura
Tras un buen café, nos dirigimos a la Ciudad Imperial de Thang Long, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad. Nos recibe su imponente Torre de la Bandera, una estructura de ladrillo que sobrevivió a los conflictos del siglo XX.
El complejo expone restos arqueológicos de excavaciones recientes y permite visitar tres búnkeres subterráneos utilizados por el alto mando militar vietnamita durante la guerra con Estados Unidos.
Continuamos hacia el Templo de la Literatura (Van Mieu), fundado en 1070 y sede de la primera universidad del país. El complejo rinde homenaje a Confucio y a los sabios. El diseño destaca por sus patios sucesivos conectados por portales tradicionales. Lo más célebre son las 82 estelas de piedra apoyadas sobre esculturas de tortugas, donde se grabaron los nombres de los estudiantes que superaron los rigurosos exámenes reales.
Hoy en día, el lugar sigue lleno de estudiantes que acuden a pedir fortuna para sus exámenes académicos.
Arte urbano y la experiencia "insta" del tren
Antes de cenar, caminamos junto a las vías del tren para ver los murales de Phung Hung Street, una serie de grafitis e intervenciones artísticas pintadas sobre los arcos de piedra del viaducto ferroviario que retratan escenas de la Hanói antigua.
Esta vez sí, vamos con tiempo a Train Street para asegurar un sitio. La que probablemente es la calle más famosa de Hanoi nació a principios del siglo XX, concretamente en 1902, cuando las autoridades coloniales francesas construyeron la línea ferroviaria que unía Vietnam con Yunnan (China). Originalmente, las vías pasaban por una zona residencial abierta, pero con las décadas y el crecimiento urbano, las viviendas e incluso pequeños comercios se fueron edificando a escasos centímetros de los raíles por pura falta de espacio.
Lo que empezó como una solución habitacional de familias trabajadoras, acostumbradas a retirar mesas y plantas varias veces al día al paso del convoy, se convirtió recientemente en uno de los atractivos turísticos y fotográficos más masificados del sudeste asiático.
Nos sentamos en un local con las sillas al límite de la vía. Minutos antes del paso del convoy, los dueños se aseguran de que nadie invada el gálibo del tren. A pesar de haber visto vídeos, impresiona ver la mole de hierro pasar a escasos centímetros de las fachadas. Es una actividad totalmente turística, pero la tensión y el espectáculo hacen que merezca la pena.
Hanói en solitario: Parques, mototaxis y mercados.
Hoy Ester ha tomado su vuelo de regreso. Tras acompañarla al aeropuerto, regreso al centro de Hanói en autobús urbano, una opción muy económica.
Para pasar la mañana del domingo, me acerco al Parque Thong Nhat. Es el lugar ideal para observar la vida cotidiana de los locales. Rodeando sus dos lagos me encuentro con la feria de la francofonía llena de puestos culturales relacionados con el idioma galo, una carrera popular y varios escenarios con coreografías de adolescentes. Lo más curioso es una zona de alquiler de coches de juguete para niños; avanzan emitiendo una versión en politono de La Lambada. Al coincidir varios cochecitos con diferentes "tempos", el ambiente se convierte en una cacofonía insufrible. Otros son muy belicosos, como este con forma de tanque.
Para la siguiente parada, pido por primera vez un Grab moto (el Uber local de dos ruedas) en dirección al lago de Huu Tiep, más conocido como el Lago del B-52. Moverse en moto por Hanói exige una fe ciega en el conductor. El último tramo cruza las estrechas y concurridas calles de un mercado de abastos, donde esquivar las motos en sentido contrario parece un milagro.
El lago es, en realidad, un pequeño estanque residencial en cuyo centro sobresalen los restos del tren de aterrizaje y el fuselaje de un bombardero estadounidense B-52 derribado en 1972. Sin embargo, lo más fascinante de la visita es el mercado de los alrededores. En uno de los puestos presencio algo bastante impactante: un pescado cortado en varios trozos que todavía mueve los labios. Un detalle bastante impactante para terminar el día callejeando sin rumbo junto a los pequeños lagos escondidos de la ciudad.

















































